A las chicas de Flores por Oliverio Girondo, Ciudad de Buenos Aires

14 DE FEBRERO, 2011 | --

Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones...

Las chicas de Flores tienen los ojos dulces como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.

Las chicas de Flores se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda.

Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás –empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y apaguen como luciérnagas.

Las chicas de Flores viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo a todos los que pasan la vereda.   

Dirección

Plaza Flores

Cómo llegar

Cómo llegar:
Colectivos: Líneas 1, 2, 5, 25, 36, 49, 53, 55, 76, 85, 86, 88, 92, 96, 104, 113, 126, 132, 133, 134, 136, 141, 163, 180
Tren: Estación Flores del Ferrocarril G. Sarmiento

 
 
  

Fuente consultada:

Oliverio Girondo. Veinte poemas para ser leídos en el tranvía y otras obras. Centro Editor de América Latina S.A. Buenos Aires, 1991. Páginas 18 y 19. 
 

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