El Palacio de las Aguas, conocido también como el edificio de Obras Sanitarias de la Nación, fue iniciado en el año 1887. Dirigió la obra el arquitecto Carlos Nyströmer sobre un diseño arquitectónico del señor Olaf Boye de Cristianía.
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Vista del edificio |
"Las formas del Renacimiento francés -dice el arquitecto José María Peña- fueron el vehículo para este gran divertimento arquitectónico".
El objeto de este monumental edificio era el de almacenar, sobre su estructura, 72.000 toneladas de agua potable.
El Palacio de las Aguas se ofrece al público como una gran mansión cuyas puertas, ventanales y arcadas no son otra cosa que el complemento de una gran escenografía para encerrar dentro de las cuatro fachadas monumentales el Gran Depósito Central de Gravitación de las Aguas Corrientes.
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Vista de los detalles de su revestimiento |
Cuando se estaba considerando la arquitectura del edificio, en el que ya se habían invertido apreciables recursos, fue idea de las autoridades declarar a la obra "monumento público”. De ahí surgió la idea de un revestimiento muy importante.
Las cuatro fachadas exhiben 170 mil cerámicas policromadas en tonos vivos y 130 mil ladrillos barnizados que, según informes, fueron expresamente encargados a la fábrica ROYAL DOULTON, la que ejecutó un trabajo tan exacto que no fue necesario retocar ninguna de las 300 mil piezas para conseguir los perfectos calces que exhiben. La cubierta de los techos se realizó con pizarra verde traída de las canteras de Sedán, en Francia.
Dos curiosidades:
a) este edificio es totalmente desarmable ya que el total de su estructura está compuesto por un enorme tinglado de vigas de hierro recubiertas por mampostería, única forma de poder llegar a sostener, en la parte mas alta de este cascarón arquitectónico, el gran lago artificial de 72 mil toneladas de agua;
b) durante la segunda guerra mundial un edificio, similar a éste, fue demolido y desarmado para utilizar el hierro de su estructura en la fabricación de armas para la contienda internacional.