Dos estaciones de trenes conservan grupos murales de RODOLFO MEDINA.
El primero está en el pasillo de ingreso a la estación General San Martín, de la línea Subterránea “C”.
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Uno de los murales que decoran la estación de subtes |
A ambos lados del mismo, ocho murales de Rodolfo Medina, del año 1969, revelan la época, el genio y la obra del General SAN MARTIN en la gesta Libertadora que abarcó a la Argentina, Chile y Perú.
Allí desfila la libertad, como idea, como demostración de la colaboración de la mujer en esa gesta , como violencia de armas y como triunfo, alrededor del cual danzan Argentina, Chile y Perú.
Un homenaje al LIBERTADOR cierra la serie de este gran muralista, nacido en BRAGADO en 1933 y de quien, en 1968, un año antes de este trabajo, se decía que: "Sus figuras hablan por si solas, con toda la elocuencia del arte".
El segundo de los ejemplos lo constituyen cuatro murales en el Anden 1 de la estación Miserere del F.C.General Sarmiento.
Son partes del total de una obra realizada por el mismo Medina, en la que se refiere a aspectos fundamentales de la libertad y la evolución del hombre.
En el primero de ellos deja testimonio de su idea de lo que fue el encuentro del indio con el colonizador en aquellos años de la conquista.
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Detalle del mural donde se puede apreciar la fuerza expresiva del artista |
En el segundo, se refiere al comienzo del proceso agrícola, al primer pan que se logra, gracias al trigo que se obtiene en Chivilcoy, y es su forma de expresar la evolución del hombre en la zona.
El tercero tiene que ver exactamente con la leyenda del POTRO DEL BRAGAO.
Dice la misma que, en la campaña del desierto, un grupo de soldados descubrió un potro, en las proximidades de la laguna de Bragado, al que, por su buen porte, intentaron capturar, sin suerte porque siempre se les escapaba.
Llegó por fin un día en el que pudieron acorralarlo en lo alto de la barranca que daba a la laguna. Cuando el potro sintió que iba a perder su libertad, volvió la mirada a los captores. desde lo mas alto de la barranca y sin dudarlo, levantó sus manos, relinchó y se tiró al vacío quebrándose mortalmente.
Fue su grito de libertad, su ofrenda de vida a la libertad. Desde entonces quedó la leyenda de "La Laguna del Bragao " como un ejemplo del instinto de libertad, aún en los animales.
En el último mural Medina plantea su visión de la industrialización, del trabajo como una forma de progreso, pero deja latente la idea de que la misma terminará transformando al hombre en un "engranaje" o "pieza" de esas maquinarias que alimenta para su propia evolución.