El Día de la Tradición en Chivilcoy, Provincia de Buenos Aires, es una celebración que comienza el día anterior cuando se consagra la Reina de la Tradición.
A diferencia de las Reinas y Princesas que consagra el resto del mundo, éstas no lucen 90-60-90 y no desfilan en malla; les basta con exhibir la maravillosa frescura de sus 15, 17 ó 21 años y en lugar de mallas.
Para los distintos desfiles, todas las participantes usan vestimentas de paisanita, la misma que, al día siguiente, lucirán en las volantas, o al anca de esas señoras figuras que representan al gaucho.
Desfilarán junto a tropillas llevadas por el sonido del cencerro; o a las magníficas carretas que a su paso despertarán la admiración de los forasteros.
Cada 10 de noviembre, muy temprano comienzan, en los alrededores de la plaza principal y las calles adyacentes, las corridas lógicas para cumplir con el horario dispuesto, que siempre se atrasa.
Después habrá que aguardar la llegada de las "chinitas" que acompañarán a padres, amigos o maridos en la doble montura del alazán, o en los pescantes de los rodados.
Y así da comienzo la fiesta que encabezan los miembros de los grupos tradicionalistas, con sus mejores montas, los más hermosos enjaezamientos y un gentío que aplaude sin reticencias a cada uno de los participantes.
Luego de ese primer desfile ha de llegar el momento de presenciar el paso de la Reina elegida la noche anterior, acompañada por las dos princesas.
Más atrás la nota de humor, con los "petisos", juguetones como chiquilines, que siguen el paso que les marcan los paisanos y el cencerro, y la imponencia de una carreta arrastrada por hermosos ejemplares acordes a la importancia del vehículo.
Las caballadas, las tropillas y los carros, seguirán desfilando por horas frente al palco, a edificios modernos o antiguos; o entre gente que se enorgullece viendo a los suyos en esa permanente defensa de la tradición; con un único afán: que perdure su estirpe.
Todos ellos, aportan a estos festejos Tradicionales. No solo invierten cada momento de su vida; también tienen que participar económicamente en todo lo que significa, esta enorme movilización de participantes, vehículos y animales de montar o de tiro. Ellos son los que han asumido la obligación de mantener latente la memoria para que el resto de los argentinos tengan una idea más exacta de cuales son sus orígenes.