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Vista de la ventana de su habitación
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Cuando el sol catamarqueño juguetea relieves luminosos en el patio clásico provinciano del Convento de San Francisco; cuando el juego de arcos y plantas revelan los tres siglos de su existencia; la torre campanario del Convento parece custodiar desde la altura el techo de tejas y la pequeña ventana que durante años fueron testigos de la presencia de FRAY MAMERTO ESQUIU.
¿Cuantas promesas de humildad, de renunciamiento, de obediencia guardarán como secreto de confesión esos muros seculares?
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Camastro de Esquiú
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Ingresó a la celda del Convento de San Francisco en 1846 -tenía 20 años- y el precario moblaje, que se conserva, habla de la tremenda humildad de su habitante.
La vieja puerta de algarrobo que lo vio entrar por primera vez, le despidió muchos años después, cuando inicio sus predicas imbuido de la misma fe.
Toda su actuación cívico-religiosa fue una intensa vocación de servicio demostrada en su quehacer por conciliar los destinos de la patria y la felicidad de sus conciudadanos, con los fundamentos de su doctrina; que enalteció aún ante la polémica desatada alguna vez por la franqueza de su palabra viril.
Fray Mamerto Esquiú, como dijo Leopoldo Lugones:
Era hijo de Catamarca.
No es justo que esto se calle
Pues nuestra señora y él,
son las glorias de aquel Valle.