La Abadía de los Monjes Benedictinos, próxima a la ciudad de Victoria es una singular congregación de monjes, llegados a Victoria en el siglo XIX.
Es lugar de retiros espirituales, enclavado sobre una amplia pradera en la que dispone de medio centenar de hectáreas para desarrollar las actividades inherentes a sus artesanales industrias.
Ahí se fabrican los famosos licores benedictinos, lo mismo que jalea real y miel.
Sus claustros son testigos del paso del tiempo y entre esos muros esta celosamente preservada la formula milenaria de la fabricación de licores.
Un lugar muy importante dentro de la abadía lo constituye una cripta del año 1928, presidida por el niño Jesús, que es patrono del convento. Es una imagen tallada en madera y policromada de mas de 100 años de antigüedad.
Dos altares a ambos lados del altar mayor están dedicados uno a San Benito, fundador de la orden y a Santa Teresita, el otro. Asimismo, la abadía tiene dos oratorios, uno dedicado a San José sobre la derecha, y otro dedicado a la Virgen de Lujan sobre la izquierda.
Si Victoria es una ciudad con hermosos atractivos turísticos, esta abadía de los Monjes Benedictinos, en sus afueras, es merecedora de una visita, al margen de las creencias religiosas de cada uno.