En el interior del pequeño templo de la ciudad de Merlo, en la provincia de San Luís, se puede encontrar un cuero en el que se inscribe el siguiente relato de la historia del mismo.
Esta capilla e iglesia parroquial construida antes de la fundación del pueblo aparece en un inventario de capillas de 1751, pero la tradición remonta su fundación a 1720; tiene ya por consiguiente más de dos siglos y medio de existencia. Merlo, entonces Melo, se fundaría recién en 1797. El edificio fue declarado monumento histórico nacional en 1961.
Se trata de un templo pequeño, de formas simples. Las paredes son de más de un metro de espesor, de adobe, y sostienen un firme envigado de algarrobo, teniendo pisos de ladrillones.
Del lado sur se conserva una galería que culmina en la torre del campanario. Se llega a el por una crujiente escalera sin baranda, de troncos encajados en la pared, por lo que puede suponerse que sea del tiempo de la fundación.
De las antiguas imágenes, se conserva aun el Santo Cristo, con cara de indio, en el lateral sur, y la de la patrona, Nuestra Señora de la Virgen del Rosario en el camarín. La fiesta de la virgen, cada 7 de octubre, reúne a muchos fieles.
En el expediente de la fundación del pueblo se lee que se lo establezca en un sitio llano y cómodo, teniendo en cuenta la capilla si es que estuviese en condiciones de servir algunos años.
Sigue diciendo el testimonio, cómo la iglesia católica a lo largo de 20 siglos y este edificio a través de dos siglos y medio, ha soportado tiempos buenos y tiempos malos; tormentas materiales y tormentas espirituales; soles radiantes en sus paredes y en el espíritu de sus feligreses; cómo la iglesia, este templo ha sorteado los abatares meteorológicos; y acaso cuando quien esto lea ya este muerto, seguirá en pie esta vieja capilla serrana.