Cuando la puerta de calle se abría para darnos la posibilidad de recorrer nuestro barrio; ...cuando quedaba atrás el mundo de los afectos de nuestra casa y nos enfrentábamos con ese otro mundo de la amistad del vecindario...y no extrañábamos el cambio; ... cuando el saludo del vecino dejaba de ser el compromiso de las reglas de urbanidad enseñadas por nuestros mayores, para convertirse en la "necesidad" de desear buenos dias, o tardes, o noches; y hasta el menos usual deseo de "buen fin de semana", que nos daba la alegria de pronosticarlo para que se cumpliera; era que habíamos empezado a incorporarnos al barrio.
El barrio era la casa grande que nos reunía y nos identificaba distinguiéndonos -por sus características-, de los demás barrios. Era una suerte de "orgullo" que llevábamos dentro y nos brotaba cuando alguien nos preguntaba "donde vivís"?.- El barrio y sus calles arboladas y los sueños de chiquilín. El barrio y sus esquinas y el orgullo de ser admitido en la barra de una esquina del barrio cuando éramos más grandes. El barrio y su gente y la vida de nuestros padres en él, y de nuestros abuelos, o de aquellos vecinos que empezaron a querernos desde purretes y nos admiraron con el primer pantalón largo. Ese barrio al que queríamos, al que defendíamos en un "picado" o en una "gresca"; ese barrio tiene que volver a agruparnos.
A ese barrio tenemos que valorizarlo, frente a los que quieren cambiarle la cara y borrarle los vestigios del ayer. Por eso queremos que usted nos cuente la historia que conozca de su barrio, por haberla vivido o por que se la hayan contado. Puede ser la historia de una casa, o de un personaje, y hasta la de una "cuadra" o una plaza. En "La Argentina que No Miramos", vamos a contar su historia en EL BARRIO QUE NO CONOCEMOS, o en LA ARGENTINA QUE NO MIRAMOS. Mándenos un mail y usted verá esa historia reflejada en estas páginas de Internet, y no se preocupe como nos la cuenta; empiece por contárnosla, que nosotros vamos a darle forma. La esperamos.