Yacimiento Arqueológico de Pachimoco, departamento de Jáchal, provincia de San Juan

... en él es posible encontrar evidencia de sociedades complejas, en la que cada persona desempeñaba un rol específico para el mantenimiento de la misma.
El imperio diaguita dominó todo el noroeste argentino, ocupando, en el norte de la provincia de San Juan, lo que serían los departamentos de Jachal e Iglesias.

Son dos las poblaciones diaguitas en la zona: el pueblo Yacampi, a orillas del río Bermejo, al este del departamento de Jachal; y los Capayanes, con su asiento poblacional a orillas del río Jachal. Se dedicaban al cultivo agricola extensivo; siendo su preferencia como base fundamental para la existencia, el maíz. En menor escala, cultivaron hortalizas, zapallos, porotos, papa y quinoa. Otro cultivo preferido era la Lagenaria siceraria, que servía para la fabricación de cuencos y recipientes para mantener líquidos, y para elementos de vajilla; aunque, no tan duraderos como los hechos en cerámica.

De acuerdo a los informes que dejaron algunos arqueólogos que visitaron el Asentamiento Arqueológico de Pachimoco, habría allí material similar al encontrado en el noroeste argentino, que darían cuenta de 3 períodos evolutivos: temprano o formativo, medio y el tardío o de desarrollos regionales. 

Entre los testimonios del período temprano o formativo, se encontraron los correspondientes a la cultura de la Ciénaga, de entre el 350 y el 650 de la era cristiana; momento en el que se habrían domesticado las especies silvestres y la agricultura se vuelve intensiva; siendo el maíz la planta más cultivada. También recolectaban los frutos del algarrobo y del chañar; y eran pastores de llama, de la cual utilizaban su lana, su carne y su piel.

Del período medio, se habrían encontrado restos de la Cultura de la Aguada, que datan del 650 al 850 de nuestra era; entre otras tantas culturas. Los hombres de la Cultura Aguada eran grandes cultivadores de maíz.

El maíz, elemento esencial para la vida, alcanza su mayor desarrollo en el periodo tardío, a partir del 850 dC y hasta la llegada del Imperio Incaico. Precisamente, la cultura del periodo tardío se identifica en esta región como Sanagasta o Angualasto; conocida también como "Jachal negro sobre rojo", por tener grandes recipientes con decoración geométrica con rayas paralelas o en zig zag, con triángulos escalonados y algunas curvas, aplicadas sobre urnas, pucos y recipientes globulares. 

Aún son visibles en el Yacimiento Pachimoco, las enormes extensiones que servían para la agricultura; y hasta los restos de compos -abono orgánico-, ubicados cerca de los corrales de llamas. En ocasiones, resulta muy difícil realizar estudios arqueológicos más profundos, porque los sitios han sido saqueados y en algunos casos destruidos por los buscadores de tesoros, como es el caso del Yacimiento de Pachimoco. 

El asentamiento de Pachimoco habría contado, además, con un sistema de riego constituido por terraplenes, canales de toma, canales matrices; y un uso estratégico de los cursos de agua de ríos, arroyos y manantiales; formando un sistema de ingeniería cuyo objetivo era el de expandir las zonas cultivables. Según algunos investigadores, estos sistemas evidenciarían un trabajo cooperativo entre las distintas unidades sociales que habitaban estos espacios.

En este sentido, según nos cuenta el escultor e investigador Juan Luis Díaz, las crónicas dirían, tras la llegada de los españoles a la región, que éstos se asombraron al ver a orillas del Río Jáchal enormes arboledas de especies autóctonas tales como algarrobos, chañares -de hecho Chat-chaq, el nombre dado en Kakán, la lengua Diaguita, que los españoles interpretaron como Jachál, quería decir río de las arboledas y de las piedras-, las cuales habían sido plantadas para contribuir a evitar que desbordara el río.

Por otra parte, también se encontraron, en el Yacimiento de Pachimoco, percutores de roca dura, pequeña, chica, de sílice o pedernal, los cuales se sostenían en la mano y se utilizaban para darle forma, a través de golpes sucesivos hasta alcanzar los 5 o 6 cms de profundidad, a la roca elegida para ser utilizada como conana; o al mortero, de mayor profundidad. 

El pedernal, una roca muy dura, que se utilizaba para crear morteros de madera de algarrobo. Para trabajar estos morteros, se transformaba el pedernal en una forma de aristas filosas. Luego el pedernal era golpeado con madera de retamo -el retamo es una variedad de un arbustivo muy duro- una vez logrado el hueco se lo alisaba con una mano mas alargada, que después servía para majar los granos o las vainas de recolección. El retomo no se gasta. Si en vez de utilizar retomo se utilizara otra piedra, el resultado sería que se rompería la laja y no se profundizaría el hueco.

En cambio las rocas planas eran buscadas con una superficie lisa a la cual se le picaba, para que luego sirviera para friccionar y permitiera una molienda más fina. Este molino se denomina pecana. Las pecanas tenían una mano bien pesada y de una forma tal que abarcara toda la superficie. Y además, las manos podían tener unos gravados en su superficie que representaban figuras de serpientes o de aves. 

Ejemplos de los distintos tipos de molinos (morteros, conanas y pecanas) se encuentran en el Museo Prieto, de San José de Jáchal.

En estos elementos se molían, no solo el maíz, sino también los productos de la recolección de los frutos silvestres, las vainas de algarrobo, la quinoa -la cual se utilizaba por su aporte de los nutrientes-, el chañar -el cual era descarozado y secado al sol, para luego ser molido en las conanas y transformado en polvo que era almacenado en vasijas de cerámica para ser utilizado en épocas invernales o de escasez-. Con el fruto del chañar también se elaboraba una especie de jalea, parecido al actual arrope. Tanto la algarroba como el chañar, eran consumidos en forma natural. Se masticaban estos frutos cuando se realizaba alguna travesía o cuando estaban trabajando.

Otros elementos encontrados en Pachimoco dan cuenta de la importancia de las prácticas vinculadas a la caza y ganadería de camélidos en esta aldea. Para la caza, los preferidos eran el ñandú y los guanacos. 

De los primeros se aprovechaba su carne, su cuello, y sus cueros. El cuero de ñandú era curtido y sobado para ser utilizado como cubre-sexo. Pero la piel de cuello de ñandú también era curtida y sobada, hasta tal punto que quedaba blanda como una tela y servía para guardar en su interior, alhajitas de piedra, o joyitas de malaquita y turquesa. Todo tipo de cuero de cuello de ñandú, era llamada "chupa". Hasta épocas recientes, cuando en el territorio sanjuanino el ñandú aún se encontraba en un mayor número, los criollos lugareños se organizaban para la caza del mismo, y tenían un dicho “No hay que contar con la chupa sin cazar el avestruz” -le llamaban avestruz, a lo que verdaderamente es un ñandú-. Para los criollos ese recipiente servía para llevar sal, trigo, arroz, cocho, tabaco, azúcar. Porque es tan largo el cuello de ñandú, que permite llevar más de un kilo, y casi 2 kilos.

Los cazadores originarios, también solían organizarse para cazar guanaco, que es lo que abunda en la región. Secaban su carne al sol para poder almacenarla y tener carne deshidratada -charqui- para los tiempos de escasez, como la época invernal, cuando no podían ir de cacería por la nieve, o por las lluvias; o el verano, cuando hace mucho calor en la montaña y la carne se descompone muy rápidamente. Con la piel del guanaco también fabricaban las ojotas para calzar los pies; y capachos, que eran recipentes hechos a base de cuero crudo, como una vasija con correas para colgar de los hombros, parecidas a las mochilas actuales, y que servían para transportar minerales, frutos o cargas más importantes cuando hacían grandes travesías, similares también a las petacas utilizadas por los criollos.

De todo lo anterior se desprende que, estas comunidades agroalfareras que habitaron Pachimoco vivían en una sociedad en la cual cada habitante desempeñaba un rol específico para el mantenimiento de la misma. El alfarero, a sus cacharros; los que trabajaban en los metales, a su metalurgia, a su fundición -aún se encuentran en el Yacimiento de Pachimoco vestigios de los hornos de fundición, y hasta pedacitos de metal o escoria-; los tejedores, a elaborar prendas en sus telares; los recolectores, a recoger frutos de las especies autóctonas; y los cazadores también desempeñaban su misión que era la de proveer carne disecada o carne fresca para la aldea, así como plumas, pieles, cuero, lana, y hasta huesos -la medula del hueso del guanaco era utilizada para sobar, para mantener fresco los trabajos que se hacían con los tientos-.




Fuente Utilizada

- La nota fue elaborada principalmente en base al material enviado por Juan Luis Díaz, a través de entrevista telefónica del 18 de noviembre de 2013. Verónica Grondona Olmi editó y organizó el material, consultando, para reforzar algunas afirmaciones.
- Delia Etchegoimberry; "Atlas Arqueológico Argentino"; ISBN 987-23302-0-4; Fundación Ibarra Grasso; Buenos Aires, 2007.
- Ivana Carina Jofré Luna, Soledad Biasatti y Eduardo Rodríguez; "Propuesta de protección del sitio Pachimoco, un lugar de la memoria colectiva de la comunidad de Jachal (Provincia de San Juan)"; Centro de Estudios e Investigaciones en Antropología y Arqueología (CEIAA); 2013

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